Tú eras el cáncer de mi corazón;
por ti yo luchaba hasta la muerte,
con el cansancio de mi útero.
Por ti, mis manos dilataban
aprendían las cicatrices.
Por ti, es que lindaban mis células en el vacío,
encrudeciendo mi cuerpo ciego,
por ti, es que las palabras se fueron consumiendo,
hasta extraviarme de mi humanización.
Tu eras el cáncer,
y provenías de mi vientre,
o de las vecindades de mis venas,
y te ligabas a mi como el dolor a la soledad,
y atabas este daño a mis huesos,
y me dejabas transparente,
emulando tu nombre,
en mitad de mi fracción,
y entonces me partías el alma,
y yo sollozaba por ti,
enferma, consumida
expandida por tu cuerpo.