
No puedo culpar a tu sexo
de los temibles los rostros del amor,
la mortificación del aire,
de esa, la cadena que me ata de pronto
circularmente,
hasta delinearme:
perversa,
en tu temible hendidura y letargo.
Cayéndome escandalosamente,
volcánica e infinita,
en mi cuerpo-síntoma,
incapacitado de ti.
de los temibles los rostros del amor,
la mortificación del aire,
de esa, la cadena que me ata de pronto
circularmente,
hasta delinearme:
perversa,
en tu temible hendidura y letargo.
Cayéndome escandalosamente,
volcánica e infinita,
en mi cuerpo-síntoma,
incapacitado de ti.
No tengo el valor,
de armonizar el transito,
la muerte que me aniquila
la carne cuando enlazamos
crimen-soledad
aparejando el mundo vacío.
Yo no puedo esperar cercarte,
como leona entera,
rabiosamente el corazón,
y esperar culpar a tu sexo
por mi terrible oscuridad atragantada,
porque lejos de la noche,
un solo miedo me enlaza a ti:
abandonándome;
en lo irreproducible.