lunes, junio 18, 2007

Confesion II

A Eduardo Torres

Afortunadamente:
mi amor de ninfomana,
no te torturara todas las noches.
Pero mi ternura te saciara,
cuando seamos aire y mordedura.
Por eso,
te quiero amnésico, amor de carne.
Sutilmente vencido en la desnudez.
Extinto de alma.
Aprendiz de mis vicios.

Te quiero en el almacén de la oscuridad,
bajo la imperfección de las palabras.
Como arrebato y fragmentación de mi niñez.
En la habitación,
donde es minúsculo mi cuerpo desamparado.
Y faltas,
en mi sombra de espejo.

Solo he aprendido amarte:
Esquizofrénicamente,
(en el interior de mi lucidez)