
Ya no me quedo,
simplemente
me parto en dos,
después de huir
entre la pisada
del llanto
las curvas anchas
asimétricas
tumbadas
tristes.
Me parto.
No se agrietar
tu cuerpo.
Me falta la humedad
de las asfixias,
el orgasmo funerario
de sentir
el amor desprovisto
de una mano física
aguda al tacto.
Deje y dejo de sentir
un despojo de risa
una tejedora multa
entre mis oídos.
Y me desgasto.
No se partir
tu sed cúbica.
Y no se admiran,
los espacios por donde
alguna vez mi cuerpo
adolescente y convulso
enamoro las fibras.
Hoy,
ya no me quedo
me visto y desvisto
de los recuerdos
de mi propio cuerpo.
(malherido)




