lunes, julio 31, 2006

Cuando el cuerpo ...




Ya no me quedo,
simplemente
me parto en dos,
después de huir
entre la pisada
del llanto
las curvas anchas
asimétricas
tumbadas
tristes.
Me parto.
No se agrietar
tu cuerpo.
Me falta la humedad
de las asfixias,
el orgasmo funerario
de sentir
el amor desprovisto
de una mano física
aguda al tacto.

Deje y dejo de sentir
un despojo de risa
una tejedora multa
entre mis oídos.
Y me desgasto.
No se partir
tu sed cúbica.
Y no se admiran,
los espacios por donde
alguna vez mi cuerpo
adolescente y convulso
enamoro las fibras.

Hoy,
ya no me quedo
me visto y desvisto
de los recuerdos
de mi propio cuerpo.
(malherido)

Mutación


Al mutarme.
Me temo,
entre dos pieles convexas.
Se diluyen las nociones frías
entre la certeza de imantar
la soledad artificial.
Desgasto la rutina ilusoria.
Y siento,
que algún día entre el misterio
me haré mujer parpadeante
entre un minúsculo latido
de indulgencia.
Es cierto,
nunca escribí cartas de amor.
No eran fichadas las palabras
entre las metas líricas.
No eran bagajes materiales
los besados núcleos
donde el volcán crecía
en la fachada.
Eso de esperar sobre el portal
cambiar de ojos
observar la altivez
del talle.
Y aclarar de modo simultaneo
las contradicciones del espanto
las vulnerabilidades
de dormir recostada
sobre un tumulto anticipatorio,
donde las mujeres nacen
como actrices
y se asumen entre las mascaras
tímida y fatalistamente.
(sin dejos de cobardía)
Espaciosamente sobre mi cuerpo.

jueves, julio 20, 2006

De las imagenes



¿Cuan cerca y lejos desgastaste mi piel
con tus suicidios fibricos,
que se ensimismaban al origen
de la palabra que compartía el placer?

Me desvestiste absorto,
en tus manos prisioneras de amor reglamentado.
Argumentando tic tac,
en los filosos gozos de las pieles anfibias.

Cristales de sombras,
en los espejos
me inclinaban al precipicio,
donde desgastabas con criterio la piel deliberosa,
orgásmica y espacial.

¿Cuan lejos y cuan cerca desgastaste mi piel virgen?
Con tus manos criminales,
que hoy matan estaciones y ciegos,
y desamparan a mis ojos,
de vértebras lunáticas.

Oyendo girar la realidad,
según los espejos dramáticos.
Exhaustiva,
me vierto como virgen reciclada a tus manos,
y soy fotografía de tu alimento voraz.

domingo, julio 16, 2006

Nocturno

Nocturno,
el felino se acuesta sobre mis pies.
hay motivos para el despojo lunático
el tumulto se exalta de maullidos eternos
incrustándose .

Los oídos están calientes en la voracidad del fuego.
Se instruye al nocturno.
Debajo de la sabana
hay un sentido vaciado en el parpado
una especie de esquina y desprendimiento
de piel bajo el espontáneo grito
el seso es el martirio,
del amor.
Ese miedo a la palabra loca
se nos va hilando entre la sangre.


Al felino que se posa sobre mis pies
al volcán de imaginación sádica
se le conduce a la eternidad
y se le besa por siglos.
El aire es el aire sobre el felino,
en la imagen todo el sexo se bailaba
para la incongruencia nocturna
se sorteaba la huida
al desvelo se le escurría
la respiración.

miércoles, julio 12, 2006

Intuición



Tu sencillez me redujo
a la noche alargada.
Era una comunión fría de enredadera,
posar en ti las manos en el vacío
atisbarse en un centro liquido,
hasta inundar el amor de espejo.

Copular el vino,
en tus labios.
Seducir entre el miedo
una risa colgada de estridencia nebular
actuar con las notas desmedidas,
un teatro comedido y satánico.

Vivir de vidas pasadas
de la hambruna
en el cuerpo del abandono.

Intuir la medianoche
con la ceniza volcánica,
de los astros.

Y ser al fin,
un cúmulo entre tantas mentes
elegantes que inspiran
la mordedura esbelta
el trazo.

sábado, julio 01, 2006

Los niños




En sus nubes, tienen un futuro
una mochila de carencias.
Se hunden en sus patios de intacto.
Juegan con su real escenario
a ser la tentada del espacio.
Por sus rostros no hay mediada
soledad.
Se hacen amigos de los soles en las trampas
comen entre las moscas como reyes.

Cortan margaritas,
se hacen margaritas en sus llantos de hambre,
en sus estómagos acostumbrados al pan,
a la medida del tímpano,
de la escandalosa furia de una inequidad.
Construyen cerritos de sal,
para angustiar su vida.
Están desesperanzados,
con su cordón umbilical.
Lo llevan como la asfixia.
Son niños del mundo,
cargados de espinas rotas,
en los cerezos fríos
no tienen tumbas,
construyen tumbas.