viernes, junio 30, 2006

Las mujeres


Eran las mujeres,
mis madres.
En las noches eran las pasmadas
llevando las casas hasta la vitrina.
Se colgaban de los muros,
con los pechos caídos
aprendían a gritar la justicia en la navaja.
¿Por qué el Dios les dio tanta carretera
para hacerse hondas hasta perder la voz humana?
Se esconden ahora,
en la sutileza de las sonrisas precarias.
Son felices, sí, son felices
con lo puesto
con el vientre hinchado,
rezado en la insistencia.
Quieren amar,
ser amadas por sus cortes de útero.
Son mujeres
cargadoras del dolor.
Llevan en su espacio un acto virgen
de enredadera.
Se nutren en sus espejos.
Los espejos les hablan,
como de una ofrenda,
por las que los genes las hacen vivas
vivas, en tanta pobreza.

martes, junio 27, 2006

La escena



Debí amarte,
y te amé,
en la escena placida de la locura,
cubierta de espejos,
que nos renombraban con deseo.
Algo de la escena actuó:


La escena


Recorrimos la locura
Me amaste en la penumbra de la luz
encadenado a la función del tacto : pezón con pezón.
Vestidos de sombra,
con tus dedos líquidos,
nos sumergimos acuáticos,
mojados de memoria,
disfrazados de libélulas confusas que se odiaban amándose,
con calientes sombras divididas de carne imperceptible.

Debí amarte,
y te amé en centímetros confusos; kilómetros
Me ahonde en tu risa,
en los cristales de tus anteojos; húmedos.

Imagen I



Creerás que la muerte imperfecta de los segundos,
Ya parada se contractura.
Y como siempre desnuda ante ti:
como y te toco con los ojos entreabiertos
me ablando ligeramente hacia tu sexo…..
y tu masculino aire de celebridad,
nos perturba en una muerte líquida.

Estuvimos dentro de la diligencia del amor
trazando líneas en perpetuo vacío,
casi mecánicos dentro del paso y la distancia fúnebre,
e ibas de luto vestido en gris,
entre la mitad de mis parpados fálicos,
vestidos de sentencia y sangre.

Lo suicidamos todo, entre la cuerda floja que espiro unas risas
Yo me hacía en medio de la nada, algo símil a la mujer sexual
y nos fuimos casi amando, con el cuerpo sostenido
en medio de un silencio temeroso,
hacia el pasado oscuro y pervertido del sexo orgásmico.



lunes, junio 19, 2006

Para Andrés




Aún lleva mi cuerpo
el tatuaje de la armadura del silencio
las voces procesadas en asma
el beso filmado en un hotel perdido
de ciudad.
Y están nuestras risas colgadas en la navaja
nacidas en convulsas porciones
de inmovilidad.

Existen orígenes envueltos ante espectáculos
especies carnívoras de deseo.

Quedan las aritmias
las precipitaciones por subir a altas montañas
por sudar y nacer
y expiar el aroma de músicas conocidas por el caos.

Por tu cuerpo alabe un silencio mortuorio
antes de eso
ame la costura por la cual zurcian las almas,
hasta el revés de un desvelo
por conseguir suspirar bajo la conducta dócil y fugaz,
ese cuerpo que fue enredadera
que liberó la muerte
hasta engrandecer la conducta de mis pulmones
con tanto amor,
que nacimos de un golpe profundo
en el circulo emocional de los noctámbulos.

domingo, junio 11, 2006

Desvinculo


El fuego del sauce
nos inunda los ojos con brotes
de incertidumbre.
Allí estamos apostados
no queriendo pronunciar el día fecundo
que tienen los óvulos vírgenes.

Suceden noches, días, años.

Auxilias el vientre
con los dedos moribundos
pero no hay exilio...
Lejos de la habitación sombría
hay milagros para el beso
en los anuncios periódicos.

Materias irresueltas
en ojos incrustados por el miedo
carentes espacios para cubrir el amor relámpago
en fragmentos ilusos de fe.

Crónicas intermitentes de recuerdos
luchas de ruedas de la fortuna
que nos paralizan frente a cuerpos inmóviles.

Y se desliga
ese origen de amor duro
en el tacto húmedo de una irracional
sombra indestructible.