
Otra mujer debe entenderme,
debe gritarme la cobardía
la incompuesta fisura de mis lagrimas caídas
por el suelo
debe obligarme a desvestirme bajo tu cuerpo impaciente
debe zurcir las heridas con los besos nauseabundos
( entre el cigarrillo y el alcohol)
y apostarse sobre mis caderas rítmicas hilvanando las crudezas pactas
las criticas imposturas del miedo intencional
que atrapa sobre la enredadera tu carne adversa y adicta.
La otra mujer debe enceguecerse sobre el vino barato,
repentinamente debe llorarse sobre la voz sensual de antecesora
( debe condenarse a ser fatal sobre una irracional zozobra de amor)
y enmascarar su agudeza ágil para pervertir a las almas vírgenes.
Mi otra mujer enmudece frente al pánico de tu cuerpo pactado y frío
anudece sobre las carreteras el deseo de la fuga melodramática,
porque bien sabe que el amor la recorre
entre el miedo divisorio de una extensa fuerza
y entonces
llora, ríe, neutraliza
Sabe que todo es un espanto.









